A veces el tiempo tiende a la reflexión, del lo que fue experiencia ayer hoy se torna en maldición. Y como cambia todo si lo que antaño tenía valor, hoy no tuviera honor… en fin se torna increíble. Las aspiraciones megalomaníacas que manejan aquellos que creen ser dueños de los valores más altos… siento que cuanto más alto es el grito y más noble es el ideal, más bajo, egoísta y patético es el que lo enarbola. Parece ser que las personas, en su bajeza existencial y en su poco valor en sus propias vidas, dan por una necesidad absoluta ser y solamente ser a través de los otros, a través de controlarlos, de manejarlos y alienarlos.
¿Desde cuándo el patriotismo es una carta para creerse mejor? ¿Desde cuándo la militancia, los nombres, las banderas, las siglas, los gritos están patentados?
¿Desde cuándo el noble sentimiento de amar y luchar por lo tuyo se transformó en un eslogan para las redes sociales? ¿Desde cuándo, desde cuándo? El pequeño cerebro de cualquiera de nosotros puede hacer el absoluto de que hay un solo Salvador, cuando la mayoría ni siquiera puede salvarse a sí misma, ni a sus familias, ni a sus propias vidas, ni siquiera triunfar fuera de este mundillo… que es solamente una pequeña isla en el mar del nihilismo posmoderno.
¿Cuánto tiempo dejamos en calles, paredes pintadas, afiches y marchas? ¿Cuántas veces nos alejamos de los que queríamos, y esto ahora resulta ser importante para demostrar algo? Siempre mirando la paja en el ojo ajeno, siempre contándole a los demás nuestras buenas y malas acciones. Obviamente, todo es cíclico; todo tiene su alto y su bajo en la vida, y nadie es perfecto. Por eso mismo, buscar el impoluto sentimiento de la perfección y plantearnos discursos homéricos sobre triunfos y sueños a veces resulta un poco cómico. Pero, no obstante, somos seres que tienen su valor. Ser, y sobre todo, como dijo un viejo amigo y camarada, Héctor, dar testimonio de que existimos. En la tempestad máxima de este Kali Yuga, nos negamos a rendir la rodilla al becerro de oro.
Cuesta pensar cómo los jóvenes caen en las manos absurdas del sectarismo, que lleva a terminar amistades, luchas y tribus. Pero inevitable es lo que predecible es. Es imposible pretender un resultado diferente si se procede de la misma forma que se procedió siempre. Por eso vengo a cantar y a contar lo que siento. Pensar que todo lo antedicho es verdad absoluta sin cuestionamiento, sería muy arrogante de mi parte; prefiero equivocarme una y otra vez, volverlo a intentar, resurgir y levantar las mismas banderas en este ciclo del eterno retorno de la existencia, hasta que el cuerpo que nos toca en este plano diga basta. Ser consecuente y pensar en las cosas buenas de la alegría de militar y luchar… no hay nada más hermoso que la sonrisa de los niños de tu tierra, que ver a tu camarada progresar, ondear una bandera Patria y cantar, a la luz de un fuego brindar con tu gente con los tuyos. Y eso ningún líder venido a menos por los años, que cree que todo está entre ellos y nosotros, nosotros y la nada, el absoluto y el silencio, te lo puede quitar.
Nemo L.